Durante el mes de enero, las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas registraron una contracción interanual del 4,8% medida a precios constantes. El ciclo operativo de 2026 inició con una reducción del 4,2% en comparación con los volúmenes de transacciones liquidados durante el mes de diciembre del año anterior.

Respecto a la evaluación del desempeño actual de los establecimientos, el 58,2% de los titulares de comercios encuestados describió un escenario de estabilidad en términos interanuales. Simultáneamente, el 33,8% reportó una desmejora en las condiciones operativas de su negocio, cifra que representa un incremento de 10 puntos porcentuales en relación con el registro obtenido en diciembre de 2025.

Las proyecciones para los próximos doce meses indican que un 44,8% de los consultados prevé un incremento en los niveles de actividad, mientras que el 46% espera la continuidad de las condiciones actuales. En cuanto a la disposición para invertir, el 58,4% de la muestra considera el contexto como inadecuado para la aplicación de capital, frente a un 16% que tiene planes de inversión y un 25,5% que no ha definido su conducta financiera.

La segmentación por sectores ratifica una dinámica de retroceso en el consumo, con cinco de los siete rubros relevados presentando variaciones negativas al comienzo del año. Los descensos de mayor magnitud se dieron en Bazar y decoración (-16,6%), Textil e indumentaria (-10,9%) y Alimentos y bebidas (-6,1%), frente al desempeño positivo de Ferretería y construcción (+5,8%) y Farmacia (+4,9%).

El desempeño del comercio minorista pyme en enero de 2026 consolida una dinámica recesiva con una contracción general del 4,8%, impulsada por el deterioro del poder de compra y el encarecimiento de costos operativos. La divergencia sectorial muestra un sostenimiento en rubros de necesidad esencial, como farmacia y ferretería, frente a marcadas retracciones en segmentos no esenciales como bazar y textil. La actividad comercial depende significativamente de factores estacionales, promociones bancarias y la expansión de canales digitales para mitigar la caída del volumen transaccional. Ante la baja predisposición a la inversión, prevalece una postura de cautela operativa condicionada por la evolución de las variables macroeconómicas.

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